EL DEBATE de Los Mochis. "Oiga, por favor, no me pregunte eso. ¿Que no ve cómo están las cosas? Yo no le voy a hablar sobre la inseguridad, sobre el narcotráfico, de nada de eso. No sea imprudente".
Y la mujer de estatura baja, pelo corto, de tez morena, enfiló por la calle Zaragoza, en el centro de la ciudad, llevando consigo la actitud de miedo y terror que, como ella, miles de sinaloenses padecen ante el nivel de inseguridad que se vive en el estado en el marco de la lucha contra el narcotráfico.
Sobran razones para que desde el ciudadano común y corriente hasta el más encumbrado en la élite política y económica en Sinaloa, esté verdaderamente aterrado: no hay día en que no se registren balaceras semejando a territorios del medio oriente, aparezcan ejecutados individuos ligados al narco y policías y expolicías decapitados y descuartizados con sus respectivos narcomensajes.
Lo peor: como eso ya es común y no tiene el impacto en la opinión pública que los grupos del crimen organizado esperan, ahora hay signos que indican que el objetivo apunta hacia la sociedad civil.
En esta estrategia sanguinaria para crear psicosis se contextualiza el atentado perpetrado el domingo pasado en la madrugada en el bulevar Rosales en Guamúchil, donde en forma directa un grupo de gatilleros asesinó con rifles de alto poder a ocho jóvenes, entre ellos dos menores de edad.
Tres días antes, en Culiacán, un grupo de pistoleros asesinó con las mismas características a nueve personas que se encontraban en un taller, entre ellas dos maestros de la Universidad Autónoma de Sinaloa, pero además a dos ministeriales.
Estos y otros hechos se dan impunemente en medio del megaoperativo militar-federal denominado Culiacán-Navolato que desde hace dos meses puso en marcha el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, a petición de auxilio del gobernador Jesús Aguilar Padilla.
"Definitivamente los resultados del operativo no son los deseados", estableció el secretario de la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados, el diputado federal Gerardo Vargas Landeros.
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debate.com.mx Rafael Inés Verdugo



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