¡Ábranse...!
Al grito de "¡ábranse a la ver...!", dos de cinco gatilleros regresaron a rematar al agente de la Policía Ministerial del Estado, José Virgen Ojeda Zazueta, quien un minuto y medio atrás había sido atacado a balazos por el grupo armado en la colonia Emiliano Zapata.
El grito se confundió con las detonaciones de los potentes rifles, que abrieron fuego por segunda ocasión contra el investigador.
Sólo había pasado poco tiempo cuando uno de los vehículos en que viajaban los sicarios se regresó a la escena del crimen, con la intención de dejar plenamente marcado el sello del crimen organizado, ése que reta a cualquier autoridad y que se da tiempo hasta de burlarse de ella. Tras el primer ataque, los curiosos, que nunca faltan, se habían empezado a acercar para ver a la víctima, que yacía en el asiento del chofer con la cabeza recostada sobre la base de la ventanilla de la puerta. Supuestamente, había alcanzado a pedir auxilio por radio.
Algunos de ellos se sorprendieron y gritaron: "¡está vivo!", a lo que un nutrido grupo de personas se armó de valor y se aproximó a la camioneta para corroborarlo. En eso estaban cuando de entre los carros que pasaban salió el mismo sedán rojo en el que minutos antes se habían retirado los pistoleros. De la unidad descendieron dos de sus ocupantes y uno de ellos les gritó: "¡ábranse a la ver...!". Luego ambos dispararon de nuevo sus fusiles.
Los curiosos no querían correr, sino volar... y como evidencia, en el lugar quedaron tiradas un par de sandalias de mujer. Una señora dijo que la joven que las traía, se le zafaron porque corría más rápido que Ana Guevara. Después de la balacera todo quedó en silencio, ese silencio que fue interrumpido por el llanto de algunos niños que se asustaron con las detonaciones. Minutos después al lugar arribaron elementos de distintas corporaciones. Los mirones se sintieron con más confianza y se acercaron de nuevo, para contar la tragedia a los que apenas llegaban.
Nota original aquí.
noroeste.com.mx



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